Todo empezó cuando encontré unas bragas suyas en la basura. Eran unas tangas negras usadas, todavía húmedas y con su fuerte olor íntimo. En lugar de dejarlas donde estaban, las saqué del cubo como el pervertido asqueroso y degenerado que soy. Me las llevé a mi habitación y durante días me pajeaba oliéndolas profundamente, inhalando el aroma de su coño usado, lamiendo la tela y corriéndome dentro de ellas como un enfermo.