viernes, 14 de agosto de 2026

Días sin tocarte: el cornudo más patético se expone bajo las órdenes de su Ama

Escribo esto completamente desnudo, de rodillas, con las piernas abiertas y mi ridícula pollita flácida entre las piernas. Llevo varios días sin tocarme. Ni una sola vez. Cada vez que se me pone semidura la dejo ahí, temblando de frustración, porque mi Ama Valeria no me ha dado permiso.


Soy un cornudo completo. Un perdedor sexual. Un hombre que se excita siendo sustituido, ridiculizado y borrado.

Recuerdo a Pilar, la mujer que mejor supo destrozarme. Ella no solo me ponía los cuernos: me los clavaba hasta el fondo. Después de follar con otro hombre me dejaba penetrarla… y yo sentía cómo su coño estaba hinchado, caliente y lleno de semen ajeno. A veces ni siquiera me lo decía. Entraba en ella sabiendo que era el segundo o el tercero de la noche, y aun así me corría dentro como el cornudo agradecido y despreciable que soy.

Pero lo que verdaderamente me humillaba, lo que de verdad me hacía sentir pequeño, inútil y completamente reemplazado… no era tanto el sexo. Era verla besarse.

Ver cómo Pilar y su amante se comían la boca con lengua, con pasión, con hambre real. Esos besos largos, húmedos y profundos mientras yo estaba allí, arrodillado o sentado en un rincón, mirando. El sexo podía ser animal y rápido. Pero esos besos… esos besos eran íntimos. Eran deseo auténtico. Eran la prueba más clara de que yo no existía. Que ella entregaba su boca, su saliva, su aliento y su pasión a otro hombre… y a mí solo me dejaba las sobras.

Había veces en las que me ordenaba desnudarme, ponerme a cuatro patas y me metía los dedos en el culo. Cuando me quejaba me decía “Calla, gilipollas” y me daba una bofetada. Yo bajaba la cabeza y obedecía.

La humillación más grande llegó cuando llamamos a un travesti. Mientras ellos dos se besaban y se tocaban delante de mí, yo estaba desnudo, arrodillado, con la cabeza gacha y mi ridícula pilila apuntando al techo. Terminé chupándole la polla al travesti antes de que él y mi novia se follaran. Y mientras él se la embutía, yo seguía allí, mirando… y viendo cómo se besaban con lengua una y otra vez.

Esa es la clase de hombre que soy.
Un cornudo viejo, chupapollas, lame-suelos, tragasemen y, sobre todo, un hombre que se destrozaba emocionalmente viendo a su novia besar con pasión a otro.

Y aquí estoy otra vez, escribiendo esto desnudo y de rodillas, sin haberme tocado en días, para que cualquiera que entre a este blog sepa exactamente hasta dónde llega mi degradación.

Sin dignidad.
Sin orgullo.
Sin derecho ni siquiera a los besos.

Solo un cornudo patético, arrodillado y agradecido de poder seguir cayendo más bajo bajo las órdenes de su Ama Valeria.




jueves, 18 de junio de 2026

Manual de Dominación Femenina en video

 Manual de Dominación Femenina en video.

 Diosa Nemesis, una valenciana de 25 años con experiencia real en dominación femenina, comparte en este manual su visión práctica y consensuada de cómo una mujer puede tomar el control de la relación de forma progresiva y mutuamente satisfactoria. Lejos de estereotipos extremos de sadomasoquismo, el texto enfatiza el placer compartido, la comunicación y el adiestramiento gradual del hombre sumiso. Ideal para parejas que buscan dinamizar su intimidad.

Puntos principales del manual:


 

Pajas mentales, o retazos de recuerdos recreados

Como muchos ya sabéis, de todas mis experiencias reales no guardo audios ni vídeos que pueda publicar. Tengo algunos, pero por protección de mi privacidad (y de las personas involucradas) nunca los subiré.



Sin embargo, sí estoy intentando recrear lo mejor posible las escenas y humillaciones más brutales y vergonzosas que he vivido. Quiero que podáis sentir, aunque sea a través de palabras, hasta dónde he llegado como cornudo sumiso.

sábado, 13 de junio de 2026

La Noche de la Dominación Absoluta, relato del corneador.

Los nombres son ficticios, pero los hechos son completamente reales. Hace unos meses contacté con una pareja a través de un anuncio. Él, Juan, buscaba un hombre dominante para su mujer. Pero cuando conocí a Jella, todo cambió. Ella tomó el control desde el primer momento y convirtió la fantasía de su marido en su propia noche de dominación total.

Jella es una morena de 38 años, curvy, con un culo espectacular y una actitud dominante que me volvió loco desde el primer email. Acordamos que irían a mi habitación de hotel. La única condición inicial era que no podía follarle el coño —ese era “privado”—. Pero Jella cambió las reglas en cuanto llegó.

La Llegada y el Establecimiento de la Jerarquía


 

La Semana de la Dominación. (Relato enviado por Álvaro, un cornudo)

Me llamo Álvaro, tengo 40 años y mi mujer Judith, de 33, es mi dueña absoluta. Hace años que ella me cornea con regularidad, pero esta vez decidió llevar las cosas a otro nivel. Judith impuso su dominio total y convirtió una simple visita de trabajo en una semana completa de humillación, placer y femdom.

Todo empezó en mayo, durante la convención anual de la empresa. Conocí a Joan, un hombre de 42 años, alto, seguro de sí mismo y con una presencia imponente. Al final de la semana intercambiamos teléfonos. Cuando regresé a casa le hablé a Judith de él, sin imaginar que ella ya estaba planeando convertirlo en su amante principal.

En septiembre Joan debía pasar una semana en nuestra ciudad por trabajo. Le ofrecí quedarse en casa. Judith sonrió con esa mirada peligrosa y dijo:


 

 

miércoles, 10 de junio de 2026

Tortura con pinzas. (Relado de Ama Valeria)

 Ella está de pie frente a ti, imponente, vestida con una elegante camisa blanca ajustada y una falda de cuero negro corta que marca sus curvas. Tú, en cambio, estás completamente desnudo, arrodillado como el perro pervertido que eres, con las dos pinzas de madera bien clavadas en tus pezones y varias más apretando tus huevos y esa ridícula pilila que tienes.

Ella te mira desde arriba con una sonrisa de puro desprecio y diversión.

—Mírate… qué patético eres —dice riéndose—. Torturándote tú mismo porque sabes que nadie más querría tocar esa cosita asquerosa.

Tú, desesperado de humillación y excitación, intentas llevar una mano a tu micropene para tocarte. Apenas rozas esa pilila diminuta cuando…




¡SLAP!

Una bofetada fuerte y seca te cruza la cara, girándote la cabeza.


Mi noche con el patético pajillero (Relato escrito por Eva<)

No sabéis lo que me excita tener a un hombre como él arrodillado delante de mí. Un viejo de 60 años, con barriga peluda, gafas y esa cara de perdedor crónico que no puede disimular.

Anoche lo tuve exactamente donde debe estar: completamente desnudo, de rodillas en el suelo, con su ridículo micropene tieso como un clítoris hinchado. Era casi cómico verlo. Esa cosita diminuta, roja y palpitando de pura vergüenza mientras yo permanecía completamente vestida, impecable con mi camisa blanca y mi falda de cuero negro.

—Empieza a pajearte —le ordené.


 

lunes, 8 de junio de 2026

La tarde más humillante de mi vida: Eva me destrozó en el local liberal

Hay personas que saben exactamente cómo apretar cada una de mis teclas de sumisión. Eva es una de ellas. Sabe que soy un cornudo nato, un pervertido con micropene que se excita con su propia humillación. Nunca me ha dejado follarla. Ni una sola vez. Mi rol siempre ha sido el mismo: acompañante, espectador, payaso sexual y pajillero humillado.

Aquel día de verano fuimos a uno de los locales liberales con piscina exterior. Nada más llegar, Eva me ordenó que me desnudara completamente. Obedecí. Mi micropene, ese ridículo clítoris hinchado que tengo entre las piernas, se puso erecto al instante. Parecía ridículo, casi cómico. Eva me miró y soltó una carcajada:

—Ya estás empalmado, ¿eh, payaso? Qué patético eres.


 

domingo, 7 de junio de 2026

Confesión real: Cómo mi compañera de piso y su amiga me convirtieron en su puto pajillero humillado

La historia más vergonzosa y excitante que me ha pasado jamás…

Todo empezó cuando encontré unas braguitas suyas en la basura. Eran unas tanguitas negras usadas, todavía con su olor íntimo. En lugar de tirarlas, las guardé como un pervertido. Durante semanas las olía profundamente mientras me pajeaba como un degenerado, imaginando que estaba enterrando mi cara en su coño.

Ella lo descubrió.


 

Primero fue a mi trabajo. Entró al bar donde soy camarero y, delante de mis compañeros y varios clientes, me exigió explicaciones en voz alta: “¿Por qué coño tienes mis bragas usadas en tu habitación, pervertido?”. Me quedé helado mientras todos me miraban. Fue una humillación brutal.

Pero eso solo fue el calentamiento.

Días después invitó a su amiga Laura a casa. Estaban las dos sentadas en el sofá del salón cuando Sara chasqueó los dedos y me ordenó:

—Ven aquí, pajillero de bragas.

Me planté delante de ellas temblando. Sara empezó a contarle toda la historia a su amiga con todo lujo de detalles, riéndose:

—Este cerdo rebuscó en mi basura, sacó unas bragas mías usadas y se las guardó para pajearse oliéndolas como un puto enfermo. ¿Te lo puedes creer?

Laura soltó una carcajada y me miró con asco y diversión:

—Qué asqueroso… ¿En serio eres tan patético?

Sara me señaló con el dedo y ordenó con voz fría:

—Quítate toda la ropa. Ahora. Enséñale esa “polla” que tienes.

Me desnudé completamente delante de las dos. Cuando mi micropene quedó al descubierto, ya estaba ridículamente erecto, tieso como un clítoris hinchado. Las dos estallaron en carcajadas.

¡Dios mío! —gritó Laura tapándose la boca—. ¿Eso es una polla? Parece un dedito con complejo de inferioridad. ¡Pito pa’ dentro total!

Sara se acercó, me agarró fuerte de la barbilla y me obligó a mirarlas:

—Míranos a la cara mientras te pajeas, perdedor. Quiero que veas cómo nos reímos de ti.

Empecé a masturbarme delante de ellas. Mi mano apenas rodeaba ese pequeño pene erecto. Ellas no paraban de humillarme:

  • —Más rápido, pajillero de bragas sucias.
  • —Mira qué micropene más patético… normal que nadie quiera follar contigo.
  • —Seguro que te corres en menos de un minuto, ¿verdad, picha floja?

Cada vez que estaba a punto de correrme, Sara ordenaba con crueldad:

—¡Para!

Me detenía al instante, jadeando, con el micropene palpitando desesperado. Me dejaban sufriendo varios segundos mientras se reían de mí.

—Continúa.

Volvía a pajearme como un desesperado. Me abofeteaban la cara, me tiraban del pelo y me escupían insultos sin parar:

—Eres un puto ladrón de bragas.
—Esto es lo más cerca que vas a estar de follarme en tu vida, cerdo.
—Imagínate oliendo mis bragas usadas ahora mismo mientras te vemos pajeando esa cosita ridícula.

Estuve más de veinte minutos bajo su control absoluto. Parar y continuar. Parar y continuar. Hasta que me tenían temblando, suplicando con la mirada que me permitieran correrme.

Sara sonrió con sadismo y me dijo finalmente:

—Cuando te corras, lo harás en tu propia mano… y luego te vas a comer hasta la última gota de semen delante de nosotras. ¿Entendido, micropene?

miércoles, 3 de junio de 2026

Ahora mi vergüenza es mucho más seria, más real y mucho más permanente

Hola a todos,

Ahora mi vergüenza es mucho más seria, más real y mucho más permanente.


 

He aceptado colaborar con Club Cornudo porque soy plenamente consciente de lo que soy: un cornudo sumiso sin dignidad. No un hombre liberal que comparte. Soy un perdedor que agacha la cabeza mientras otro disfruta de su mujer.

Durante años he acumulado toda clase de humillaciones:

  • He esperado como un imbécil en una fiesta mientras mi novia se follaba a mi jefe en su coche.
  • He lamido su coño recién follado y lleno de semen ajeno en un parking.
  • He suplicado de rodillas a mi amigo José que se follara a mi novia porque “estaba salida como una perra”, y antes le chupé la polla, arrodillado y con arcadas, mientras ella se reía de mí.
  • He llevado jaula de castidad durante semanas, sin poder correrme, mientras ella follaba libremente.
  • He pagado hoteles y cenas para que otros hombres se follasen a mi pareja.
  • He tragado mi propia corrida del suelo infinidad de veces.

Siempre con la cabeza baja. Siempre aceptando mi lugar. Siempre sabiendo que soy un cornudo viejo, de polla pequeña y floja, pajillero crónico, chupapollas, lame-suelos y tragasemen agradecido.

Y ahora quiero que más gente lo sepa.

Si has llegado aquí desde Club Cornudo… enhorabuena. Estás ante un auténtico caso perdido. Un cornudo sumiso que se excita siendo ridiculizado, reemplazado y humillado públicamente.

Gracias a Club Cornudo por ayudarme a exponerme todavía más. Seguiré contando mis miserias sin ningún tipo de filtro.

Sin hombría. Sin orgullo. Solo cuernos enormes y una cabeza permanentemente agachada ante cualquier mujer que quiera usarme.

El cornudo alicantino
cornudo-sumiso.blogspot.com


 

miércoles, 27 de mayo de 2026

El Cornudo Espía

«A la mierda»  —murmuró Carlos para sí mismo, pegando la oreja contra la puerta del dormitorio. La madera se sentía fría contra su piel, y los sonidos amortiguados que provenían del interior hacían que su pulso se acelerara. Se había prometido que no haría esto, que no seríaese tipo de hombre, pero la curiosidad lo carcomía con mucha más fuerza que cualquier culpa.


Dentro, la voz de Sofía destilaba algo desconocido, una risa entrecortada y sensual que envolvía palabras que Carlos no lograba distinguir del todo. Luego, una risa grave respondió —más profunda, más áspera—, una que definitivamente no pertenecía a su apartamento. Su estómago se contrajo. No había oído entrar a Javier. No había oído nada hasta hacía cinco minutos, cuando salió de la ducha y se encontró con un silencio inquietante donde debería haber estado el zumbido habitual de la televisión o la playlist de Sofía flotando por el pasillo.

Carlos tragó saliva y, lentamente, giró el pomo de la puerta solo unos centímetros. Lo que vio le golpeó como un puñetazo en el estómago.

Sofía estaba de rodillas sobre la cama, completamente desnuda, con el cabello revuelto y la piel brillante de sudor. Detrás de ella, Javier —alto, musculoso y con una confianza animal— la penetraba con fuerza, sujetándola por las caderas. Cada embestida hacía que los gemidos de Sofía fueran más altos, más descarados.

—Joder… así, papi… más fuerte —suplicaba ella con una voz que Carlos casi no reconocía.

De repente, Javier levantó la mirada y sonrió con arrogancia.

—Cariño… creo que tenemos público.

Sofía giró la cabeza y miró directamente hacia la puerta. En lugar de sorpresa, una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios.

—Carlos… Sé que estás ahí, mi amor. Llevas un rato espiando como un perrito cachondo.

Abrió la puerta de golpe. Carlos se quedó congelado, con la mano alrededor de su pene pequeño y erecto.

Sofía lo miró de arriba abajo con desprecio divertido.

—Ay, mi cornudito… Mírate. Tan excitado que ni siquiera puedes dejar de tocarte esa patética pilila.

Javier soltó una carcajada grave desde la cama.

—Arrodíllate ahí enfrente —ordenó Sofía señalando el suelo—. Vas a presenciar cómo un hombre de verdad me folla.

Carlos obedeció, arrodillándose desnudo frente a la cama. Su mano derecha volvió a su pene y empezó a masturbarse lentamente.

Javier se colocó detrás de Sofía y la penetró con fuerza. Los gemidos de ella llenaron la habitación mientras miraba a su marido a los ojos.

Cada vez que Carlos aceleraba demasiado, Sofía le soltaba una fuerte bofetada en la cara.

—Más despacio, perdedor. No tienes permiso para correrte.

—¡Slap!

—Esto es lo que pasa cuando una mujer se busca un hombre de verdad —gemía ella entre embestidas.

Después de varios minutos intensos, Javier gruñó y sacó su polla. Chorros gruesos de semen cayeron sobre los pies y tobillos de Sofía.

—Ahora te toca limpiar, cornudo —dijo Sofía con una sonrisa cruel.

Carlos se arrastró de rodillas y empezó a lamer el semen de Javier de los pies de su mujer. Mientras lo hacía, seguía masturbándose frenéticamente.

—Lame todo —ordenó Javier—. Hasta la última gota.

Cuando Carlos terminó de limpiar los pies de Sofía, Javier le ordenó:

—Córrete en tu mano izquierda.

Carlos obedeció y se corrió en la palma de su mano, soltando varios chorros débiles.

—Ahora cómelo —dijo Sofía mirándolo con desprecio—. Trágatelo todo delante de nosotros.

Carlos, completamente humillado, acercó la mano a su boca y lamió su propio semen bajo la mirada burlona de su mujer y su amante.

—Bienvenido a tu nuevo lugar en esta casa, cornudito —susurró Sofía acariciándole el cabello con falsa ternura.


 

Mi nueva colaboración con Club Cornudo – Un cornudo más expuesto

 

Hola a todos, Hoy he recibido un correo que me ha hecho sonrojar hasta las orejas y ponerme la polla pequeña y floja.
 
Los administradores de Club Cornudo me han contactado. Llevan tiempo siguiendo este blog y quieren incluirlo en su sección de webs recomendadas. Después de pensarlo durante unos minutos (mientras me tocaba como el pajillero que soy), he aceptado sin dudarlo.
 
Después de más de 15 años escribiendo aquí todas mis vergüenzas más íntimas, me siento orgulloso (y profundamente humillado) de que Club Cornudo me haya propuesto formar parte de sus webs recomendadas.
 
Esto significa que muchas más personas van a descubrir que soy un cornudo sumiso completo: un hombre que ha visto cómo su novia se follaba a su jefe en el coche mientras él esperaba en una fiesta, que le chupó la polla a su amigo José para que este pudiera follarse a su novia Pilar como una perra, que se traga su propia corrida del suelo, que se masturba viendo cómo otras mujeres besan y follan con pasión, y que se excita siendo ridiculizado, reemplazado y tratado como un inútil sexual.
 
Soy consciente de que cada nuevo visitante que llegue desde Club Cornudo sabrá exactamente qué soy:
un cornudo consentido, un pajillero crónico, un chupapollas de amigos, un lame-suelos y un perdedor que nunca ha sabido satisfacer a una mujer.
 
Y a pesar de toda esta vergüenza… o precisamente por ella, aquí estoy publicando esto. Exponiéndome todavía más. Aceptando que mi humillación sea aún más pública.  
 
Agradezco sinceramente a Club Cornudo la oportunidad de seguir extendiendo mi condición de cornudo sumiso ante más gente. Prometo seguir siendo tan sincero, tan patético y tan humillado como hasta ahora.
 
Gracias por leer las locuras de este viejo cornudo alicantino que nunca aprenderá. Un saludo desde lo más bajo,
 
El cornudo alicantino