Los nombres son ficticios, pero los hechos son completamente reales. Hace unos meses contacté con una pareja a través de un anuncio. Él, Juan, buscaba un hombre dominante para su mujer. Pero cuando conocí a Jella, todo cambió. Ella tomó el control desde el primer momento y convirtió la fantasía de su marido en su propia noche de dominación total.
Jella es una morena de 38 años, curvy, con un culo espectacular y una actitud dominante que me volvió loco desde el primer email. Acordamos que irían a mi habitación de hotel. La única condición inicial era que no podía follarle el coño —ese era “privado”—. Pero Jella cambió las reglas en cuanto llegó.
La Llegada y el Establecimiento de la Jerarquía
Llegaron puntuales. Jella iba vestida como una puta barata: top ajustado, minifalda ridículamente corta y botas altas. Nada más entrar, me miró de arriba abajo y sonrió con superioridad.
—Escúchame bien, cornudito —le dijo a su marido sin mirarme—. Esta noche yo mando. Joan es mi amante y tiene poder absoluto sobre ti. Tú eres el último mono. No hablas, no decides, solo obedeces y sirves. ¿Entendido?
Juan, visiblemente excitado y avergonzado, asintió.
—Sí, mi Ama Jella.
Jella se volvió hacia mí con una sonrisa perversa:
—Y tú, Joan, puedes usar a mi cornudo como quieras. Humíllalo todo lo que te apetezca.
Empezamos con copas. Después de tres, Jella estaba desinhibida y cruel. Me ordenó sentarme y a su marido arrodillarse a mi lado.
El Striptease y la Primera Humillación
—Cornudito, quítame la falda con la boca.
Juan obedeció torpemente mientras Jella se reía. No llevaba ropa interior. Su coño ya estaba mojado. Me miró:
—Mira qué puta se pone tu mujer delante de un desconocido. ¿Quieres olerlo?
Me acerqué y Jella me empujó la cara contra su coño mientras obligaba a su marido a mirar de cerca.
—Lame, Joan. Lubrica bien el coño que nunca vas a follar.
Mientras yo le comía el coño, Jella ordenó a su marido:
—Saca tu polla y pajeate lentamente, pero no te corras. Quiero que veas cómo un hombre de verdad me pone cachonda.
Bisexualidad Forzada y Chastity Play
Jella se puso de rodillas y me bajó los pantalones. Mi polla saltó dura. Ella la miró con deseo y luego miró a su marido:
—Mira esta polla, cornudito. Mucho más grande y gruesa que la tuya. Ahora ayúdame a ponérsela dura.
Obligó a Juan a lamerla primero. El cornudo, rojo de vergüenza, chupó mi polla mientras Jella grababa con el móvil y se reía.
—¡Qué patético! Mi marido chupando la polla que me va a follar el culo. Sigue, cornudito, hazlo bien.
Después de humillarlo, Jella me mamó con ansia, babeando y mirándome a los ojos. Cada pocos segundos ordenaba a su marido que lamiera mis huevos o que me chupara mientras ella descansaba.
Antes de continuar, Jella sacó una jaula de castidad de su bolso:
—Esto es para ti, cornudito. A partir de ahora solo te la quito cuando yo quiera torturarte.
Le puso la jaula a Juan, cerró el candado y colgó la llave en su collar. Luego me ordenó que le diera unos azotes en el culo mientras él estaba arrodillado.
La Follada Anal y Humillación Extrema
Jella se puso a cuatro patas en la cama, culo en pompa, mirando a su marido:
—Mira cómo me van a dar por el culo, cornudito. Algo que nunca te he dejado a ti.
Me lubriqué y empecé a penetrarla lentamente. Jella gemía como una perra en celo:
—¡Más fuerte, Joan! ¡Rómpeme el culo delante de este inútil!
Mientras la follaba duro, Jella ordenó a su marido:
—Ponte debajo y lame mis jugos y sus huevos mientras me folla.
Juan obedeció, lamiendo todo mientras yo entraba y salía del culo de su mujer. Jella no paraba de humillarlo:
—Esto es lo que mereces, cornudo. Ver cómo un macho de verdad me usa como una puta mientras tú lames.
En un momento me sacó la polla del culo y me ordenó metérsela en la boca a su marido:
—Límpiala, cornudito. Prueba el sabor de mi culo.
Lo obligó a chuparme profundamente mientras ella se masturbaba mirándonos.
Masturbación Controlada y Ruined Orgasm
Cuando estaba a punto de correrme en el culo de Jella, ella me detuvo y quitó la jaula a su marido:
—Pajeate, cornudito. Pero no te corres hasta que yo te lo diga.
Juan se masturbaba frenéticamente mientras yo follaba el culo de su mujer. Cada vez que estaba cerca, Jella le daba una palmada en las manos y se reía:
—¡Para! ¡No te mereces correrte todavía, perdedor!
Finalmente, cuando me corrí dentro del culo de Jella, ella se levantó, dejó que el semen saliera a chorros y obligó a su marido a recogerlo con la boca y tragárselo.
Luego le permitió tener un ruined orgasm: apenas unas gotas salieron y Jella se rio mientras le metía el semen en la boca con los dedos.
Despedida y Promesa de Más
Al final de la noche, Jella, aún desnuda y con el culo lleno de mi semen, se sentó en la cara de su marido y le ordenó limpiarla completamente.
—Esta es tu nueva realidad, cornudito. Yo follando con quien quiera, y tú sirviendo, limpiando y sufriendo. La próxima vez traeremos a más gente para que te humillen en público.
Me miró a mí y sonrió:
—Y tú, Joan, estás invitado cuando quieras. Mi cornudo necesita mucha más práctica lamiendo pollas y tragando semen.
Juan solo pudo asentir, completamente derrotado y excitado.

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